Duarte, República Dominicana — Una residente de la provincia de Duarte ha expuesto públicamente una situación de violencia que se prolongó durante dos décadas y media, perpetrada por su expareja identificado como Juan Bautista Hernández Cabral.
Santa Francisca Santos Núñez relató los detalles de los incidentes que sufrió durante 25 años de convivencia, documentando lesiones físicas que incluyen golpes, moretones y heridas en diferentes partes de su cuerpo. La pareja compartió la procreación de cuatro hijos durante ese extenso período de relación.

Conforme al relato de Santos Núñez, los episodios de agresión se tornaron más intensos después de diez meses de separación. En mayo de este año, Hernández Cabral le propinó una agresión física sin previo aviso, durante la cual profirió amenazas directas contra sus hijas y contra su propia vida.
Búsqueda de apoyo institucional
La afectada acudió por primera ocasión a las autoridades fiscales en el año 2011, cuando la institución mantenía sus operaciones en las instalaciones del cuartel policial local. Los funcionarios correspondientes decidieron derivar a ambos integrantes de la pareja hacia un proceso de terapia conjunta en búsqueda de resolver los conflictos.
Sin embargo, esta intervención resultó contraproducente. Según el testimonio de Santos Núñez, el comportamiento del agresor se tornó aún más hostil tras participar en las sesiones de terapia. Posteriormente, se ejecutó una medida legal de distanciamiento contra Hernández Cabral, prohibiéndole acercarse a la víctima.
La orden judicial no logró contener las conductas amenazantes. Hernández Cabral persistió en formular advertencias de índole letal dirigidas hacia las tres hijas de la pareja. Ante esta situación continua, y siguiendo recomendaciones de una hermana del agresor, Santos Núñez permitió que éste ocupara un cuarto en la zona trasera de la vivienda familiar.
Escalada de la situación
A pesar de esta disposición, los episodios de agresión verbal persistieron sin interrupción. Santos Núñez volvió a presentarse ante la fiscalía solicitando específicamente protección policial permanente para ella y sus descendientes. Las autoridades competentes le comunicaron que no disponían de la capacidad institucional para asignarle vigilancia policial personalizada, sugiriéndole que tomara medidas de protección por su propia cuenta.
Desalentada por la respuesta recibida, Santos Núñez experimentó un nuevo acto de violencia cuando Hernández Cabral la sorprendió dentro de un automóvil mientras sostenía una conversación con otra persona. Durante este incidente, le propinó múltiples golpes mientras reiteraba las mismas amenazas letales contra ella y sus tres hijas.
Ese episodio traumático la obligó a buscar medidas inmediatas para resguardar su seguridad. Santos Núñez encontró refugio en una casa de acogida especializada, donde permaneció protegida durante más de treinta días. En ese espacio seguro pudo documentar sus experiencias y recibir apoyo profesional para procesar los sucesos vividos.
Situación actual
El caso continúa bajo investigación por las autoridades competentes. Santos Núñez ha mantenido su disposición de colaborar plenamente con los procesos legales que puedan resultar de sus denuncias formales. Su testimonio ha servido para evidenciar las limitaciones que enfrentan las instituciones al brindar protección a víctimas de violencia doméstica en la región.
Esta situación pone de manifiesto la necesidad de fortalecer los mecanismos de protección y apoyo para personas que experimentan ciclos prolongados de agresión dentro de sus relaciones personales.
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