Monte Plata, República Dominicana — La comunidad de Monte Plata se vio enlutecida en la madrugada del jueves 02 de julio de 2026, con el fallecimiento de Luisa María Figaris Almonte, quien contaba con 35 años de edad. Su partida ocurrió tras enfrentar una prolongada lucha contra la cirrosis hepática autoinmune que marcó gran parte de su existencia.

Desde hace años, Luisa María Figaris Almonte llevaba consigo el peso de una enfermedad degenerativa que requirió de múltiples intervenciones médicas. Familiares y personas cercanas que acompañaron su trayectoria clínica relatan cómo la joven demostró una entereza admirable ante los desafíos que enfrentó cotidianamente.
Un hito importante en su historia médica ocurrió durante el año 2014, cuando fue sometida a un procedimiento quirúrgico de trasplante hepático en las instalaciones del centro hospitalario Plaza de la Salud. La intervención, cuyo costo ascendía a cifras superiores a los dos millones de pesos dominicanos, fue posible gracias a la solidaridad de múltiples personas e instituciones que creyeron en su recuperación.
Entre quienes brindaron su apoyo se encontraba el entonces diputado Juan Hubieres, quien realizó gestiones fundamentales para que Luisa María pudiera acceder a la exoneración necesaria que permitiera llevar a cabo la operación quirúrgica.

No obstante, conforme transcurrieron los meses y años posteriores al procedimiento, Luisa María Figaris Almonte comenzó a presentar manifestaciones de rechazo hacia el órgano que le fue trasplantado. Esta complicación médica generó una serie de recaídas en su estado de salud, obligando a la joven a enfrentar una batalla constante contra la enfermedad.
Buscando opciones médicas adicionales y tratamientos especializados de mayor envergadura, durante el año 2017 Luisa María Figaris tomó la decisión de viajar hacia la nación caribeña de Cuba. En ese territorio, continuó su proceso terapéutico bajo la supervisión de especialistas, en un nuevo intento por recuperar la calidad de vida que la enfermedad le había arrebatado.
El núcleo familiar de Luisa María estuvo constituido de manera particular por sus abuelos, quienes asumieron su crianza desde temprana edad. Su abuela, doña Yolanda Figaris, quien ya ha fallecido, y su abuelo Carlos Aurelio Mateo, conocido popularmente como Mon, fueron quienes le proporcionaron afecto, cuidado y protección durante su infancia y juventud temprana.
Durante los años más complicados de su enfermedad, Luisa María Figaris Almonte residió en la capital dominicana, específicamente en Santo Domingo, bajo el resguardo de sus tíos Alcali Figaris y Juan José Burgos. Ambos familiares no solo le brindaron hospedaje, sino que la acogieron como si fuera una hija más, proporcionándole el apoyo emocional y físico que requería en cada etapa de su proceso sanitario.
Testimonio de fortaleza
Los vecinos del sector donde Luisa María residía, ubicado en la intersección de las avenidas Abraham Lincoln y José Contreras en el Distrito Nacional, frecuentemente la recuerdan con admiración por la fortaleza que demostró ante su condición. A pesar de las limitaciones que su enfermedad le imponía, quienes convivieron con ella destacan que siempre mantuvo viva la esperanza y la determinación de seguir adelante.
Personas que tuvieron la oportunidad de conocerla subrayan que, pese a los obstáculos médicos que enfrentaba, Luisa María Figaris Almonte nunca dejó de luchar por preservar su vida y mantener una actitud positiva frente a la adversidad que marcó sus últimos años.
La partida de Luisa María Figaris Almonte deja un vacío en la comunidad que la conoció, pero su legado permanece en el corazón de quienes fueron testigos de su valentía y determinación durante el prolongado período en que sostuvo esta batalla por su existencia.
