Mole Poblano Receta Estilo Abuelita Puebla Fácil

hace 7 horas

El mole poblano es mucho más que una simple salsa de cocina. Se trata de una verdadera celebración culinaria servida en plato hondo, con aromas inconfundibles a chiles tostados, chocolate de calidad y especias que despiertan los sentidos. En Puebla, muchas familias la guardan celosamente para las ocasiones más especiales, razón por la cual se ha convertido en una de las preparaciones más reconocidas de la gastronomía mexicana. Tiene ese elemento indefinible que hace que todos quieran probar una segunda porción, aunque juren estar completamente satisfechos.

La versión que te presentamos aquí viene directamente del corazón familiar, estilo abuelita de toda la vida. Ella provenía de China Wang, Puebla, y le realizó ajustes cuidadosos con mucho amor y dedicación. El objetivo era cristalino: conservar ese sabor profundo y complejo que caracteriza al mole auténtico, pero evitando que resultara demasiado pesado al paladar. Con esta filosofía culinaria, cada cucharada te transporta a la mesa de una casa pueblana tradicional.

Notarás inmediatamente los detalles especiales en esta preparación. No se busca un mole agresivo o dominante en el paladar. El objetivo es crear un mole redondo, amable con la boca y con cuerpo suficiente para acompañar perfectamente los pollos asados o las carnes blancas. Es el tipo de receta que genera nostalgias culinarias, que te hace recordar domingos en familia y celebraciones importantes.

Lo más hermoso de esta versión es que no necesitas equipos sofisticados o un molino tradicional. Con una licuadora común y paciencia, el resultado es absolutamente espectacular. Solo hay que respetar lo más fundamental: el dorado correcto de los chiles, la entrada y salida adecuada de cada variedad, y ese momento preciso en que el aceite aparece arriba de la preparación. Ese es el instante en que el mole te comunica: ya quedé perfecto.

Por qué esta receta te encantará completamente. Primero, ofrece sabor auténtico con ese toque casero inconfundible, sin complicaciones innecesarias. Segundo, controlas el nivel de picor al retirar venas y semillas según tus preferencias. Tercero, queda con esa textura espesa y sedosa gracias al bolillo, tortilla y galletas que actúan como espesantes naturales. Cuarto, rinde una cantidad generosa y mejora notablemente al día siguiente. Quinto, el truco del caldo de pollo casero le proporciona un fondo delicioso que eleva toda la preparación.

Para esta receta necesitarás los siguientes ingredientes con medidas exactas. En cuanto a chiles secos: cien gramos de chile pasilla, cien gramos de chile chipotle meco, doscientos gramos de chile mulato, doscientos gramos de chile ancho. Recuerda esta regla de la abuela: el mulato y el ancho van al doble que el chipotle meco y el pasilla. Este balance es lo que crea esa complejidad de sabores tan característica.

Especias y semillas que necesitarás: un puñito generoso de clavo, una ramita de canela de buena calidad, doscientos cincuenta gramos de ajonjolí, más una porción extra para decorar al final. Tuésta todo con mucho cuidado. El clavo y la canela se pasan rápido en la sartén, mientras que el ajonjolí solo necesita un dorado ligero, nunca quemado.

En la categoría de dulces y espesantes, requerirás: tres barras de chocolate Abuelita, dos barras de piloncillo (aproximadamente doscientos cincuenta gramos en total, según tamaño), un bolillo finito y duro, una tortilla horneada o del día anterior, una porción generosa de galletas de soda, diez tomates rojos maduros, dos cebollas medianas, seis dientes de ajo, sal al gusto, ocho tazas de caldo de pollo casero, dos cucharadas de aceite vegetal.

El procedimiento inicia limpiando bien los chiles secos, retirando semillas y venas con cuidado. Tuéstalos en sartén caliente unos segundos por cada lado, el aroma te indicará cuando están listos. Luego hidrátalos en agua caliente durante quince minutos. Mientras tanto, tuesta las especias en seco, después el ajonjolí. Cocina los tomates, cebolla y ajo en agua hasta que ablanden completamente. En la licuadora, mezcla los chiles hidratados con el caldo de tomate, pasa por colador fino. Incorpora las especias, ajonjolí, chocolate, piloncillo, bolillo, tortilla y galletas. Licúa nuevamente hasta obtener una pasta homogénea. Calienta el aceite en sartén grande, vierte la mezcla y cocina a fuego medio durante veinte minutos, moviendo constantemente. Agrega gradualmente el caldo de pollo, revolviendo siempre. El mole estará listo cuando brille el aceite en la superficie y alcance la consistencia deseada. Sirve caliente sobre pollo o carne blanca, decorando con ajonjolí tostado.

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