Misteriosa historia en Jarabacoa: relatos de niños desaparecidos

hace 5 minutos · Actualizado hace 5 minutos

En las montañas de Monabao, en Jarabacoa, provincia La Vega, persisten relatos sobre presuntas desapariciones de niños y la presencia de figuras enigmáticas que, según los lugareños, aún recorren los parajes rurales.

Desde hace generaciones, estas historias han sido contadas en susurros, envueltas en advertencias y misterio. Se habla de “los indios”, un grupo enigmático al que se le atribuyen secuestros en la zona, manteniendo a la comunidad en un estado de vigilancia constante.

Uno de los testigos más conocidos de estas historias es Lolo, un vecino de la comunidad que asegura haber escuchado de primera mano sobre un caso que conmocionó a los habitantes.

“Sí, porque ellos se llevaron un muchacho de ahí abajo, de los Yemanabau”, afirma con convicción, refiriéndose a un episodio en el que una misteriosa mujer, conocida como “la India”, habría solicitado a un hombre que le entregara a un niño “inocente, criado”.

Según los relatos, la escena ocurrió en una vasta finca ganadera entre Abreu y los montes de Arroyo Frío, un territorio aislado donde pastaban vacas bravas y que conectaba varias comunidades.

El niño en cuestión, según cuentan, no era tan pequeño como se esperaba, lo que habría alterado el curso de los acontecimientos. Sin embargo, el misterio no terminó ahí.

La historia toma un giro aún más intrigante con la intervención de un hombre con conocimientos espirituales. Luego de tres días sin encontrar rastro de los menores, este personaje reunió a la comunidad y pronunció una frase que dejó a todos impactados:

“Sigan mi amén, que hoy vamos a ir muchachos.”

Su mensaje fue interpretado como una promesa de que, si tenían fe y seguían sus instrucciones, podrían hallar a los niños desaparecidos.

Según la versión oral, en este caso estuvieron involucrados dos menores: uno del paraje Mata Limón y otro de Monabao. La comunidad, conmovida y aferrada a la esperanza, se unió en una búsqueda colectiva, convencida de que lograrían hallarlos.

Lolo recuerda cómo los pobladores, entregados a la fe y a las palabras del hombre, esperaban con ansias el desenlace. “Donde quiera que estén, no están bien”, era el pensamiento que resonaba en los corazones de quienes se sumaron a la búsqueda.

A lo largo de los años, los detalles de la historia han variado y cada versión puede diferir, pero la advertencia sigue viva en la memoria de los habitantes de Jarabacoa.

Desde entonces, los padres de Monabao han redoblado la vigilancia sobre sus hijos y, al caer la tarde, los caminos que conducen a Arroyo Frío aún parecen susurrar el eco de una historia que se niega a desaparecer.

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